En la orilla del mar, las olas golpeaban mi cuerpo, el aire no se sentía, el único sonido eran los del latir de mi corazón. Sentía como a cada instante me perdía, como algún día estuve perdida; sus ojos estaban apagados, su brillo se había esfumado, aquella persona que me libero de ese infierno raramente frio, de esa locura desesperante, la que me quito las ataduras, esa persona que abrió mis ojos a un nuevo mundo, la que me enseñó a amar, a sentir, a explorar, a no rendirme, a luchar por lo que creo y por lo que quiero, ya no me miraba, ya no estaba. Todo estaba oscuro, apagado, horrorizado, me sentía perdida nuevamente, mi vida se había acabado, se había ido junto con su alma. El amor de mi vida ya no estaba. El tiempo pasaba, seguramente transcurrieron horas pero para mí eran segundos. Tenía que regresar al mundo real, tenía una misión que cumplir, tenía que cumplir la promesa que le había hecho, ese sería la única razón por la que mi cuerpo vagaría en este mundo pero m...
Escribo por placer. Docente. Fotógrafo empírico y aprendiz de la vida. La vida es un paseo inesperado.