Ese acto quedó estampado en mi cerebro. Tenía temor de ser alcanzado, de ser atrapado y arrestado. Pero no más, temor solo a eso. Para esos tiempos yo aún era muy joven, pero no estúpido. Aquella noche de luna llena solo sentía el aire golpear mi rostro, fuerte, muy fuerte. Mi melena se alborotaba y en ocasiones no me dejaba ver por dónde íbamos. En ese momento el cielo no estaba tan oscuro, era iluminado por la luna, bella, impasible y majestuosa, esa luna de octubre que tanto impacta y enamora. Era adornada por nubes que se acercaban a ella incesantes, veloces y amenazantes a su luz. Aquella luna estaba tan roja que parecía bañada de sangre, contemplaba una noche tranquila escondiendo infinitas verdades. A pesar de que andábamos en una motocicleta, papá iba muy rápido, como una ráfaga viviente que va pasando y desaparece en segundos por la calle. Me sostenía a él con mis brazos cruzando su cintura. Estábamos escapando. Unos minutos antes, lejos de est...
Escribo por placer. Docente. Fotógrafo empírico y aprendiz de la vida. La vida es un paseo inesperado.