La primera vez –
Gabriel – 18:03pm
Estoy aquí. Ya estoy
aquí. Después de varios intentos por fin me atrevo a entrar. Hace meses me contaron sobre este sitio y en
realidad no se mucho de estos ambientes. Pepe me contó sobre los lugares de
encuentros celestiales, algo irónico para lo que puede llegar a significar, un
lugar donde no precisamente llegas a confesar tus pecados sino todo lo
contrario, pecar para luego confesar. Es mi primera vez aquí, un poco
tembloroso pero creo que es algo normal tener nervios cuando algo es
nuevo. A mis escasos 17 años he vivido algunas
cosas desagradables pero que me han abierto a nuevos mundos y experiencias. El
nerviosismo que tengo en este momento es
por desconocer el sitio y no por la falta de encuentros. Yo he tenido
experiencias, no es mi primera vez en el placer, mi trayectoria no es mucha
pero tampoco es nula así que vengo preparado.
Aunque mis pasos son
firmes, la mayoría de los que están en la planta baja ya están mirándome. Al
parecer ya se dieron cuenta que soy novato. Nuevo ganado llega al matadero,
fresco y joven. Me dirijo hacia la chica que ahora está en la recepción y me
queda viendo con sorpresa. ¿Sorpresa? No nos conocemos pero al parecer le
gusté. Me dice con una voz chillona el número de mi computadora y casi
inmediatamente, antes de que yo preguntara en donde está ubicada, me indica hacia
la parte de arriba. Mis ojos se dirigen hacia las escaleras muy estrechas y veo
a dos tipos, uno a mitad del camino y el otro parado al final. Empiezo a caminar sin ver a ninguno de los dos, no en
una forma de ignorarlos aunque podría interpretarse de esa manera.
Mis brazos rozan la
pierna del primer chico y sus ojos se clavan en los míos. Yo no volteo a ver y
prefiero seguir mi camino, es casi evidente que no se nada sobre ligar en
público. Paso al señor que esta al final de las escaleras y solo voltea a ver
sobre mis pantalones. Cuando lo estoy pasando lo miro de reojo y alcanzo a
notar como me está comiendo dentro de su mente,
sus ojos están clavados detrás de mí.
El sitio huele a
placer. El olor se incrusta entre mi olfato y golpea mi mente. Aún estoy
nervioso, trato de relajarme y observo a mí alrededor buscando mi número de
computadora. La música que en este momento empieza a sonar en el sitio parece atenuar los gritos
que quieren dar los dos chicos que están
al final de la mesa donde está la fila de computadoras.
La luz, la música, y
el olor parecen correctos para lo que se
viene a hacer aquí. Mi amigo me comentó lo tremendamente abiertos de mente que
hay que ser si subes las escaleras, y estoy
seguro que soy tan abierto de mente como para dar un espectáculo en vivo
esta tarde. Me siento y hago reaccionar la computadora. Estoy nadando entre mis
pensamientos que no me percato cuando Pepe se acerca a mí, me está sonriendo y
mi cara es de sorpresa mezclada con susto,
sin preguntar me saluda con un beso sobre mis labios y lo aparto
con una sonrisa en mi rostro. Pepe me
gusta desde que estábamos en secundaria pero no quiero ser tan evidente.
Sus ojos están llenos
de diversión y adrenalina. Me jala hacia él y me planta un beso nuevamente introduciendo
la lengua en mi boca y esta vez yo estoy haciendo lo mismo. El juego ha
empezado.
Sigue besándome
intensamente, moviendo sus labios de un lado a otro y su lengua bailadora
pareciera danzar al ritmo de una canción electrónica. Mis oídos quedan en
silencio y mi mente empieza a divagar con lo que él me está diciendo. Cuando
menciona el “Me gustas”, caigo en un vaivén de sueños irracionales para este
momento. Estoy con el chico que siempre me ha gustado, mi príncipe azul está
aquí, besándome.
Yo sigo sentado y él
está bajando con sus labios pegados a mi cuerpo. Roza sus manos sobre mi
entrepierna y encuentra lo que busca. No sé si esto sea muy rápido para lo que
yo quiero con Pepe pero él ya está desabrochando mi pantalón. Lo baja con un
rápido movimiento que me tiene sorprendido. Desliza su mano sobre mi ropa
interior y saca lo que quiere disfrutar. La humedad de su boca inunda mi piel y
los escalofríos atrapan mis sentidos, lo tomo ligeramente por los pelos y
suavemente mezo su cabeza, cierro los ojos y solo disfruto del momento. Tengo
el chico que me gusta a mis pies gozando mi cuerpo.
Nuevamente lo ha
hecho, es demasiado rápido en sus movimientos que ya no siento su cálida lengua
sobre mí, su cabeza sigue en un vaivén
pero no conmigo. Abro los ojos, un señor chaparro y viejo esta frente a mí con
la casi misma expresión que yo estaba teniendo hace un momento. El chico que me
gusta está ahora con él, haciendo lo mismo que hacía conmigo.
El gusto por Pepe me
había apartado de aquel lugar que está lleno de espectadores como era de
suponerse. Sí que hay espectadores e incluso invitados al festín. No sé qué
hacer, quedarme o irme, esta última opción implica una manera tan boba de
reaccionar. Para eso es este lugar, para disfrutar y compartir.
La palabra compartir ha hecho magia en Pepe que
al parecer leyó mis pensamientos. Se está intercambiando de un cuerpo a otro,
balanceando la cabeza sobre mí y sobre el señor. Siento morbo y excitación pero
algo no está bien. El viejo está rozando mi cuerpo sobre mi espalda, moviendo
sus dedos hacia abajo y sé que solo hay
un lugar para llegar.
Me aparto de mi amigo
y alejo al señor. Me estoy subiendo el bóxer para empezar a correr y huir de
este lugar pero las palabras de Pepe me detuvieron justo cuando me estoy
abrochando el pantalón. No estoy huyendo, ya vuelvo, le digo a mi príncipe azul y bajo las
escaleras. No huiré, que podía esperar de este lugar si su única misión es dar
placer carnal. Pensar en algo serio con Pepe es una estupidez. En la parte baja
le pregunto a la chica que me indique donde están los baños, me dirijo con mi
cara seria hacia ellos ignorando esta vez a los chicos que enterraban la mirada
en mí. Estoy decepcionado y molesto pero el equivocado soy yo, me mojaré el
rostro y regresaré con Pepe. Él y yo estamos aquí por una sola razón, para
disfrutar sin compromisos, al fin y al cabo este es el hogar para gozar.
Entro al baño y veo a
un chico de rodillas pegado al cuerpo
del señor que hace minutos estaba parado en las escaleras cuando llegue.

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