Entrelazados – Eros – 19:07pm
En una de mis
habitaciones privadas tres almas están entrando para gozar su última
oportunidad en el día. Pedro un hombre alto y gordo, Gabriel un joven de 17
años de edad herido por su amado Pepe y el ultimo invitado, Sebastián, un
adonis natural. Al entrar aquí entregan el alma, la pasión y su historia.
Sebastián cierra la
puerta y le coloca la seguridad. Dentro, las sillas amarillas son apartadas por
Pedro, dejando libre el cuadro que les refugia. Sus miradas se entrelazan uno a
otro, timbrando el llamado a la cena. Pedro sostiene al pequeño Gabriel y le
coloca un beso sobre el cuello. Sebastián se arrodilla frente al señor y aleja
el cinturón, en un jalón aparta el pantalón arrojándolo hacia la puerta,
mientras el bóxer queda en su lugar. Coloca los labios en él y ahora retira la
prenda interior. Empieza a perderse entre el jugueteo de su lengua con el
vaivén que Pedro juega ahora.
Gabriel está
temblando frente al señor que esta entregado a su deseo, despojándolo
completamente de la ropa. Él se quita la camisa que lleva puesta y ahora estos
dos, Gabriel y Pedro quedan desnudos para su disfrute.
Sebastián sonríe y
reúne a los dos hombres desnudos para él. Disfruta arrodillado de sus cuerpos
contrastando la piel de un joven adolescente herido y un adulto casado. Sin
hacer pausa en el tiempo se desprende de la ropa uniéndose al desnudo total de
sus acompañantes masculinos.
Tres cuerpos desnudos
en la habitación, estrechando su hombría y su pasión. Mientras Sebastián sigue en la misma
posición, Pedro juega con la persuasión de Gabriel. Un instante infinito puede
llegar a ser la gloria de uno y la desdicha de todos.
Sebastián se coloca
detrás de Gabriel para entrar a jugar y perderse entre los murmullos del joven,
mientras Pedro se apremia al cuerpo de Sebastián por detrás. Una vez más, el
vaivén empieza en mi habitación. Cuerpos introduciéndose en otros.
Aquí cada quien es
responsable de sus actos y sus decisiones. Los cuerpos en esta habitación se
disfrutan sin protección. Un joven primerizo, un señor gozando y otro joven sediento.
La excitación se
siente, y la miel se derrama. En un
festín de humanos, el que juega con fuego, arde.

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