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Hogar de Eros: Final del primer Bloque.

La sed – Sebastián –  20:00pm


Me pongo mi ropa mientras me despido de mis acompañantes de hoy.  Salgo del cubículo dejándolos  y pago la hora ocupada. Me llaman por mi nombre y yo sonrió. Es el último día que  me hago llamar Sebastián, al menos eso tengo decidido. Pienso que para terminar el día fue espléndido estar con Pedro y Gabriel. He llevado una vida bastante tranquila pero llena de pasión.

Cruzo la calle y me echo a correr cuando veo mi transporte acercándose a la parada de autobús que está a una cuadra de donde estoy saliendo, subo al camión y me encuentro a mi amigo Julio. Nos saludamos y me siento junto a él. Platicamos un rato mientras el camión está detenido subiendo personas, el chiste de la tortuga gigante sale a flote. El autobús ya está avanzando pero se detiene por un pasajero que sube de prisa. Lo veo y sonrío, es Pedro. En ese momento la voz de Julio hace eco en mi mente, escucho con sorpresa y torpeza llamarlo papá. El camión avanza a rodadas lentas y tediosas, los framboyanes adornan la ciudad con su colorido primaveral y las calles cubiertas por sus flores que truenan al chocar contra el suelo.

El día fue agradable, entre las paredes de mi tercer hogar pude desbordar mi pasión con Pedro, padre de mi amigo, junto con Gabriel, un inocente muñeco empezando el camino.  Recordar sus cuerpos meciéndose entre el mío, uno por delante y otro por detrás, me hace sentir las venas inflamandose en mi entrepierna nuevamente. Aùn mi piel arde por la fricción, no hubo latex de por medio pero la fiesta se sintió mejor. Mucho mejor.

Un baño en el interior de nuestros cuerpos fue la culminación de tal vez mi última aventura en este lugar.

Esta noche sería perfecta si no me hubiese encontrado a mi amigo. Es increíble la vida y lo pequeño que puede ser el mundo para enlazar para siempre a un grupo de humanos.  Doy vueltas en mi cama tratando de conciliar el sueño.  Pensar en lo que significa la vida, si el universo es infinito, entender si existen las coincidencias, un sin fin de cuestiones. Yo creo en el destino. Mis reflexiones son opacadas con un silencio mental. Hago callar a mi mente en estos momentos para no permitir culparme. Yo no soy culpable. Elijo creer que cada quien es responsable de su sexualidad. Tomo el celular y coloco la alarma para las seis de la mañana. Pienso que será un día largo. Tengo que llegar a mi cita  y recordar mi realidad.





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